Antes de ser una agencia, Kendora AI fue una prueba. Pusimos la primera versión de Ingrid a trabajar en un negocio familiar, para ver si una recepcionista de IA aguantaba de verdad el ritmo de un WhatsApp real, en el día a día de un negocio con citas todo el rato.
Funcionó tan bien que, cuando la prueba tenía que terminar, nadie quería apagarla. El negocio se había acostumbrado a no depender de que alguien estuviera pendiente del móvil todo el día, y no quería volver atrás. Ahí entendimos que no era un arreglo puntual: era una fórmula que merecía la pena escalar.
Así que decidimos convertir esa prueba en una empresa. Kendora AI nació para llevar esa misma fórmula a cualquier negocio de citas, y para seguir construyendo nuevos servicios de IA más allá de Ingrid.
